No tengo la culpa de que la gente que no quiere hacer su trabajo emocional para estar a la altura de una relación interpersonal conmigo se aleje por verse reflejados en mi como algo que no logran ser, ni yo mismo soy nadie para hacer sentir culpable a nadie por no poder crecer yo en ámbitos que se merecen las personas que transitan mi vida.
Mi mayor condena es desear la unidad y ser demasiado claro para poder lograrla, la heterogeneidad y ser tan reflectante que deslumbro el miedo de cada persona que conozco a verse responsable de si misma.
Mi otra mayor condena es ser profundamente disfuncional de cara a los sistemas que requieren una rastrera huida hacia adelante y, por ende acabar siendo una carga.
Dicho en pocas palabras soy un espejo irregular, que te devuelve un reflejo que no te gusta y es muy pesado de cargar, un espejo que no va a llegar a casa para ser colgado.
Un espejo que viene roto además de fábrica y que ha sido transportado en pésimas condiciones fragmentándose aún mas.
Quien quiere espejos hoy día si no puede ni ver su cara en un charco... quien quiere uno echo trizas cuando todo sale mas barato de primera mano.
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