Hoy tuve una pesadilla: soñé que del hueso se desprendía la cadena de odio que nos forma.
Que mis estandartes se derretían, que abrazaba una soledad profunda.
Tuve una pesadilla, me encontraba desnuda ante los ojos de mi pasado.
Y es que desnuda tuve que alzar la voz ante los recuerdos de todas las sentencias que una vez necesité para vivir tras la catástrofe.
Debió ser una pesadilla pues me sentí desolado, frágil y despojada.
Supongo que porque me vestí de argumentos parecidos para afrontar el daño causado, para que mi piel no se necrosara desde mi interior.
Hoy tuve una pesadilla, y ahora se que precio se paga, hoy soñé con dejar ir, con aceptar los cambios de quien me rompió para siempre, y mi propia incompetencia. Hoy soñé con hojas cayendo en primavera mientras dejé de poder seguir esgrimiendo aullidos de rechazo.
Tuve una pesadilla, no pudo ser un simple sueño, hoy me encontré con la prueba más difícil, de forma violenta incluso, con un final poco grato, con un medicamento que desangra al ser tragado.
Y es que hoy tuve una pesadilla de esas que transmutan tus entrañas, tu bilis rezuma por los ojos y limpian la vista hacia un mar de incertidumbre.
Hoy tuve una pesadilla, de las peores que mi cerebro me permite recordar; hoy soñé con el perdón.
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