-Hermano, puedo verlo de nuevo en mis sueños, aquella vieja jungla en el parque y nuestras incursiones con papá, ven a buscarme a Białowieża te espero en nuestra base de operaciones, a jungla se siente gélida desde que te marchaste.
-Kacper se levanta sudoroso pese al frío de la intemperie, mientras olía apagarse la leña de aquella desvencijada choza donde había dormido desde hace 3 días, pasar cerca de jungla siempre le traía pesadillas y recuerdos de quienes ya no estaban, pero éste parecía real.
-Suficiente Vodka por un tiempo... no debí atajar por aquí, debí escoger la costa. - Se lamenta, pronto recoge sus enseres y los carga en su trineo.
-Lo mejor será terminar la peregrinación antes de que todo se valla al carajo... pero Hermana... ¿Debería hacerte caso aún en mis sueños? Desde que te fuiste... ya no concibo si estoy tomando buenas o malas decisiones, a ti se te daba mejor todo esto...
-Caminó hacia la lejanía, en dirección directa hacia el frondoso parque nacional.
Unas horas después una espesa niebla se desplazaba como una gélida masa esquirlada, atravesando la alambrada del parque, repleta de infectados congelados.
La infantil risa de sus hijas se escuchó en la lejanía... al mirar a su alrededor descubrió rostros en los árboles, creyó reconocer algunos... parecía que estaban hechos del propio córdiceps.
Tanto rostros cómo cuerpos incompletos se formaban a partir de la corteza de los árboles e incluso adquirían tonalidades similares a la piel, no se hallaban congelados a diferencia del resto del páramo.
Pronto, buscando árbol por árbol, encontró un rostro aún mas familiar, el de su hermana Jaina, sin pensarlo corrió hacia él.
-Nos vamos Jaina. -Pensó Kasper en voz alta. -Ésta familia está rota, siempre lo estuvo... no se que es lo que te han hecho pero voy a sacarte de aquí.
El viento ralentizaba con aliento glacial sus movimientos y el árbol parecía distanciarse a su paso, mientras las voces que escuchó se acrecentaban.
Silencio.
-Hermana, puedo verlo de nuevo en mis sueños, aquella vieja jungla y nuestras incursiones con papá, ven a buscarme a Białowieża te espero en nuestra base de operaciones, La jungla se siente gélida desde que te marchaste. -Susurraba cálida una voz en los oídos de Jaina, despertándola aterrada.
-Otro mal viaje, pronunció casi en silencio y aún bajo los efectos de la maría Janina, no debí venir hasta éste lugar de nuevo, no se si es Kasper... nuestro padre quienes me llaman pero... nunca me he permitido creer en milagros antes... ya va siendo hora de que eso cambie, Łukasz, papá... Siento lo de aquel día.
-Janina terminó de fumar y se bajó del vehículo, sacando del maletero una escopeta.
-Me pregunto si la Mors de padre aún tendrá munición, Łukasz suempre fuñe de gatillo fácil – Se lamentó mientras contemplaba que dentro del doble barril solo quedaba una bala, introdujo otra de distinto color.
-Mientras no dispare ambos tipos de munición a la vez... debería tener dos oportunidades. - Dijo para finalmente abandonar parte de su equipo y el vehículo y adentrarse en la zona selvática.
Sacó su cuchillo al contemplar que el vallado estaba rodeado por cuerpos de infectados, la alambrada ahora era un mar de cuerpos humanos consumidos por el hongo casi tanto como por el hielo.
-¿Seguís ahí dentro?
-Saltó con decisión el montículo dantesco de cadáveres congelados postrándose sin pretenderlo ante una de las estatuas del antiguo reducto Cristiano de las planicies cercanas.
Procedió a cruzarse de piernas ante el totémico monumento, a rezar o bien simplemente a poner sus ideas en orden, nunca sabia distinguirlo.
-Voy a encontrarte hermano, quiera o no Łukasz, a fin de cuentas padre nunca nos quería ver jugar juntos, ¿Por eso me llamas a nuestro escondite no? Allí donde Huíamos antes de que tu esposa... ¿Como estará Ela? ¿Habrá nacido ya Kista? No debí marcharme y dejaros... solos, aunque bueno, yo he estado completamente sola éstos años, espero que me recibas vivo hermanito, en nuestra “Base de operaciones” siempre estamos a salvo.
-Contempló de nuevo la valla y a los infectados congelados. -Me pregunto si seguís ahí... siempre me lo he preguntado, es como si en mi interior supiese que no habéis alcanzado a Dios... Casi parecería que a Dios se la sudamos en realidad... - Se santiguó y besó un crucifijo alocado en su hombro con velcro.
-Me pregunto si a mí me dejará pasar... Nunca he sido muy devota...-Se dijo mientras se descubría el brazo izquierdo, con una mordedura infecta en él.
-Una brumosa masa de esporas parecían rodearla, pero ya no tenía sentido evitarlas, continuó caminando.
-Un último viaje para despedirme, después...-Murmuró mientras se limpiaba las lágrimas a tiempo para que éstas no se solidificasen en su rostro, adentrándose en la maleza mientras tocaba receptivamente sus hojas, le pareció ver la sombra y las risas de su padre en la bruma.
-Łukasz debe haber encontrado al fin una razón para reír, viejo cascarrabias...
-Pronto Janina escuchó las voces de sus dos sobrinas en la distancia, ambas casi al unísono,
lo cual era extraño pues nunca había escuchado la voz de Ela, sin embargo era tal y como se la había imaginado siempre. Un pensamiento irrumpió intrusivamente en su cabeza uno terrible sobre todo lo que estaba pasando, pero Janina no sintió miedo.
Silencio.
-Kasper tocó uno de los rostros de las formaciones fúngicas en los árboles... confirmando que, efectivamente, no se trataba de rostros humanos aún mas en la lejanía comenzaba a oirse la voz de Łukasz y la de Ela, parecían discutir mientras Krista sollozaba.
Lo que se asemejó a su hermana, de cerca, se tornaba ahora una figuración genérica, un rostro neutro; ¿Acaso sus oídos le engañaron haciéndole escuchar su voz? Si, en definitiva, Janina no estaba ahí realmente. Pese a todo, el hongo entre sus dedos tenía que ser real.
Bajo los pies de Kasper se entrelazaba algo parecido a raíces, y la bruma esquirlada se volvió moteada, revelando esporas en su haber.
Kasper no pareció darse cuenta de la gravedad de la situación, o quizás simplemente no percibió las esquirlas como esporas, envuelto en dudas, y con voces familiares haciendo rebotar eco vacío desde el horizonte, un mar de rostros también de aire familiar le observaban, emergiendo de aquellas antropomorfas estructuras fúngicas a cada tramo de Białowieża. Pero Kasper no sintió miedo.
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