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TLOU Stories 8 – Cicatrices

 

TLOU Stories Capítulo 8 – Cicatrices


Dos niños con cicatrices a ambos lados de sus pequeños rostros, juegan entorno a una mujer bajo las luces del fuego iluminando su cabaña, suspendida junto con el resto de ellas sobre los muelles de Seattle.


Unos gritos se escuchan a lo lejos y el fuego que los ilumina se hace más presente ahora, entrando por las ventanas tras el sonido de un cristal roto, quemando la cara de la mujer.


Dos niños con cicatrices a ambos lados de sus pequeños rostros juegan a encenderse en silencio mientras mamá bloques el armario donde se encuentran.


Dos niños con cicatrices son encontrados por un viejo lobo en un traje, mamá yace en el suelo, pero el lobo les tiende la mano.


Ha pasado una década.


Dos adolescentes con cicatrices a ambos lados de sus cansados rostros, escuchan desde la penumbra el ruidoso discurso en una cafetería escolar:


-Bienvenidos lobos a vuestro ultimo Abril juntos... como frente de liberación, pero jamás como lobos, un brindis por todos los que, en ésta década, han fallecido en condiciones propias de la edad, gracias al sacrificio de nuestras fuerzas.


-Pero Señor...


-No creía haberte preguntado antes maldito Scar...-La pausa hace el silencio dueño y señor de la cafetería.


-Solo estaba de coña Roman- Se pronuncia Nate.


-Claro Nate... siempre de “coña” … el caso es que mis padres puede que no se sintieran tan liberados cuando les pegasteis un tiro a cada uno, así que permíteme que, como ex-Serafita, dé yo el discurso, no querrás cagarla otra vez delante de las minorías.


-Le empuja sin desprecio, pero con decisión, arrebatándole el micrófono y su lugar sobre la mesa de aquella cafetería.


-Gracias A los Lobos, los Serafitas que nacimos en el seno de aquella secta jamás vamos a tener dudas de quienes somos como individuos, y nuestra lealtad hacia el antiguo frente de liberación nunca se verá alterada por los crímenes del pasado. Quería hablar en nombre de todo aquel que ha sufrido una pérdida durante La Gran Incursión, cuando digo que, independientemente de nuestro duelo entendemos las circunstancias en las que se disputaba Seatle o la vieja Washington en sí...


-Nate recupera de nuevo el micrófono, él si de una forma violenta, y prosigue con su discurso inicial.


-Como decíamos antes de la valiosísima intervención de mi amigo “Serafita”-Se mofa.


-Prevaleceremos juntos como lobos que fuimos, pero hermanando también a Scars... Serafitas -Se permite añadir. -Por una Seattle y Washington libre y diverso. -Levanta su lata de cerveza mientras los demás aclaman con el mismo gesto su discurso.


-¿Diverso dices? - Clama una voz en la oscura distancia de un parpadeante pasillo.

Las titilantes luces apenas dejan ver el rostro de lo que se diría a simple vista, un varón entrado en años con una importante cojera.


-”Diverso” no es como yo describiría el trato de algunos de tus compañeros desde que Seth y yo salimos de aquél hospital. Y ya que él me salvó pese a vuestra negativa tras haber sido mordida...


-Veronica... -Corre a abrazarla Seth.


-Ya hablaremos Nate... y deja ya de llamarle Roman...


-Se gira hacia Seth.


-No deberías dejar que otros te rebautizasen Seth, aunque hayas perdido tu pueblo e idioma, eres tú quien debería elegir su identidad en un “Washington diverso” -Señaló con desdén Verónica mientras miraba con desaprobación a Nate.


-¡No necesitamos un debate trans ahora viejo! -Se escucha decir a un hombre de mediana edad ebrio desde el fondo de la cafetería.


-Esto es sobre nuestros hermanos y hermanas, no os apoderéis del discurso ahora, novato.


Ni siquiera sabes lo que ha sido el mundo durante toda esta mierda distópica ¿Cuantos años decías que estuviste inconsciente? Deja hablar a los que tenemos algo que decir y que la gente sí que quiera escuchar.


-Se escuchan alabanzas y agitación por parte de varios de los espectadores, casi de todo el mundo.


Dos jóvenes se mueven a hurtadillas aprovechando el jaleo y las bromas a pleno pulmón entre los ebrios integrantes del antiguo frente de liberación. Descalzos pero con sus pies vendados hasta el plexo solar, no hacen mas ruido del que podría hacer un gato cazando en la noche, sus sombras se proyectan frente a Verónica y Seth, quienes no se sorprenden u siguen con su charla de reencuentro.


-Seth ayuda a Verónica a caminar de vuelta a la enfermería mientras ella, con los achaques propios de la edad y de haber pasado las últimas décadas encamada, camina orgullosa medio arrastrando su pierna derecha.


-¿Tienes lo que té pedí Seth?


-Gracias, ya solo mis hermanos Serafitas me llaman así y en ocasiones parecen haberlo olvidado.


-La ventaja de la amnesia anterógrada, cuando todo el mundo quiere referirse a ti de “otra manera”, es que ni siquiera tú recuerdas esa identidad falsa...


En fin, al grano Seth... ¿Qué tienes para mi?


-Mejor esperamos a llegar a enfermería, ahora no hay nadie, aprovecharemos el discurso para dar el golpe...


-Eres de lo más exagerado Seth; llamar golpe a ésto es como acuñar berrinche a la Guerra por la liberación de la que me hablaste cuando me rescataste de aquel hospital...


-Hablando de lo cual... Aún no me creo que aquel chasqueador no haya provocado que te... conviertas... Sin embargo lo de alimentarte de aquel Córdiceps y seguir viva gracias a ello... Los putos Luciérnagas solo podrán soñar con una oportunidad así... en la búsqueda de su “Cura” lástima que ya no quede vivo ninguno. -Bromea y presume simultáneamente.


-Los Luciérnagas, extintos o no, pueden irse a la mierda por lo que me has contado... -Dice mientras es devuelta a la camilla de dónde se fugó con anterioridad en la enfermería.


Dos jóvenes, 14 y 16 años respectivamente, con cicatrices a ambos lados de sus rostros (Como las de Seth) entran en la sala.


Ambos chicos, exhaustos, portando carcajes repletos de flechas silbadoras, y repartiendo su peso, una pesada y enorme bolsa de gimnasio que arrojan al suelo para luego cerrar las puertas de la enfermería.


Seth desliza un tubo de hierro entre los tiradores, atascando por completo el acceso y devolviendo una mirada a Verónica de alivio.


Los dos adolescentes, ante los ojos de Verónica, de su misma edad o cercana, debido al tiempo en coma; abren la maleta y comienzan a cargar de comida y medicinas cuatro mochilas y algunas riñoneras.


Seth se acerca a Verónica para entregarle una pistola silenciada a mano con una botella pequeña y trapos.


-Es la hora niños, quizás durante la noche, es vuestra última oportuinidad. -Dice volteando la mirada de nuevo a los chicos,


Ellos hacen lo mismo pero siguen en silencio, sus actos hablan por si mismos, siguen cargando las mochilas.


Verónica cierra los ojos e inspira para dejar de temblar mientras sujeta el arma con ambas manos, entonces su áspera voz responde ente la inquisitiva de Seth:


-Si, ésta noche. Y por favor... no querría que nadie más muriese, dejaremos la fiesta en silencio.


Dos Jóvenes, con cicatrices a ambos lados del rostro, juegan de nuevo a esconderse; danzando en silencio entre la maleza, de un mundo enselvado, escoltando a sus dos nuevos amigos, hasta el lugar donde murió su madre.



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