TOLU stories – Ardillas.
Día 1 – sin registro
Frondosa y verde, la selva de Bialowieza permanecía inmutable ante la caida del severo invierno polaco, una de las pocas zonas de selva del país, que conectaba costa con las colinas de una aldea agraria. antes de que todo se viniese abajo hace doce años claro...
Łukasz apuntaba a las ardillas... usando su mira sobre su Mors.
Todo como de costumbre, en pacífica monotonía acompasada por el gélido sonido de la calma.
Sus nietas jugaban dentro de la zona vallada, como de costumbre, pero un infectado se había quedado varado entre los alambres de espino, un acechador... aún con un solo ojo podía ver y a diferencia de muchos otros su comportamiento era errático.
Ela, la mayor, siempre tubo problemas para adaptarse, desde la pérdida de su madre había desmejorado mucho su cognición, pero aquello sería, por primera vez, preocupante.
-Padre nuestro que estás en los cielos...- Rezó Łukasz mientras guardaba a la espalda su subfusil Mors, herencia directa de su abuelo tras su uso en la segunda guerra, pero fiable al fin de al cabo, lamentablemente también ruidoso. Sacó un hacha de supervivencia y se dispuso a cortar.
Ela parecía entusiasmada por alguna razón, mas sus ojos se apagaron cuando en lugar de liberar al acechador, su abuelo le hundió el cráneo, repetidas veces de hecho, hasta que dejó de moverse.
-Me pregunto si ese bolso que traía era de su mujer... debe estar preocupada... ¿Se preocupará él por ella aún?
-Las palabras de Ela resonaron como un eco maldito por encima de las inacabadas oraciones de Łukasz...
-Ela, creía que ya estaba todo claro cariño, si hasta tu hermana menor lo entiende... es un cascarón, como un animal salvaje, pero sin temperamento, te atacará y matará si tiene la oportunidad como seguramente haría con su mujer...¿Por qué no vas a mirar las ardillas y a contarlas?, pero lejos, el abuelo debe seguir.
-Ela no agachó la cabeza en ésta ocasión, y comenzó a trotar mientras argumentaba: -Si no puedes ver a Dios pero toda esta aldea decidió creer que era posible... ¿Por qué no puedo creer yo que siguen ahí dentro? Esperando a que Dios les salve, si no es ésta la salvación...
-Mira Ela ahora mismo puedo entender que necesites creer en algo, como todos lo hemos hecho hasta el fin de los tiempos, pero Krysta te necesita despierta para sobrevivir cuando cazo. Volved a los pastos en la colina tras el sendero de la selva, yo intentaré peinar la playa, normalmente no van solos. Ah, y no olvides la medicación.
-Claro abuelo... a ninguno le gusta estar solo...
-Ela...
Día 2 – Sin registro
La flecha voló cerca de su cuerpo pero las ardillas son ágiles y Łukasz aún no había adivinado como crear un arco mas preciso.
Todo como de costumbre, en pacífica monotonía acompasada por el gélido sonido de la calma.
Desenfundó la Mors, miró a su alrededor y se puso sobre sus rodillas, conteniendo la respiración apuntó de nuevo a la ardilla, sintió un empujón y una rafaga de la Mors asustó a Ela, que se encontraba llorando justo detrás.
-Si matas para sobrevivir, dime abuelo... ¿Cuál es la diferencia entre ellos y nosotros?
-Jadeando: – Ela cariño... no vuelvas a hacerle esto a tu abuelo o acabaré tan muerto como lo debería estar la cena... -Extiende su arma a Ela, hoy harás tú la primera guardia, recuerda lo que te enseñé.
Es el momento de que mires de nuevo las ardillas... pero con otros ojos... Así Krista y tú tendréis alimento mas allá de los frutos.
-Al caer la noche dos disparos pudieron hacerse eco... Al ir a comprobarlo Łukasz contempló horrorizado cómo dos de los carneros caían redondos, rodando por las interminables colinas junto a royos de paja, carneros que debían ser sacrificados... pero no de sea manera o de dos en dos...
Ela se bamboleaba llorando con la Mors... En una danza propia de un chasqueador sordo en vida. Łukasz Finalmente se dio cuenta de que sus sospechas se materializaban, el errático comportamiento de Ela iba en ascenso.
Día 3 – Sin registro
Los disparos en la noche no solo habían hecho llorar de miedo durante horas a Krista, ahora varias zonas alambradas estaban hasta arriba de corredores y chasqueadores, imposibles de eliminar con facilidad...
Pero todos estaban bien, en pacífica monotonía acompasada por el gélido sonido de la calma... ¿Verdad?
Krista y Ela se habían separado como hacían habitualmente pero se hacía primario encontrarlas dadas las circunstancias.
Łukasz buscó peinando el alambrado hasta que las vió a lo lejos.
-Krista, ven, puedes tocar, no pasa nada, si los ves tranquilos no van a hacerte daño. -Dijo mientras giaba la mano de Krista hacia la alambrada donde se encontraban los infectados...
Łukasz Se percató de lo que ocurría pero no llegó a tiempo...
Día 4
Todo ya no iba como de costumbre, se rompió aquella en pacífica monotonía helada.
-¿Por qué abuelito, por qué tenemos que matar a Krista...?-Susurraba entre llantos reiteradas veces.
- Por que pronto sera uno de ellos...
- ¿Y? ¿Que hay de malo en dejarse llevar? Quizá así les entienda como lo hago yo, a los no vivos.
- Cariño... hace cuanto que se agotaron las medicinas... - preguntó con la tez sumida en la oscuridad Łukasz.
-Lo siento abuelo yo... las perdí, he estado tomando otras... las que usabas tú para dormir, pero mira, ahora ya no las necesito, lo comprendo todo, veo nuevos colores y hablo con los condenados, podemos ser felices... junto a ellos y sin temer a nada. No tendríamos que ver las ardillas desde una jaula... y los carneros podrían ser libres...
-Tienes razón Krista, debí escucharte antes... -Respondió sin levantar la mirada, y su hacha sobre la cabeza de Krista.
Día 5
-En pacífica monotonía acompasada por el gélido solido de la calma, Łukasz habla calmadamente a Ela.
-Hoy haremos eso que tanto quieres hacer, a Krista le hubiera gustado, vamos a caminar junto a los condenados.
-Claro abuelito, es la decisión correcta. - Sus ojos estaban mas iluminados que nunca.
Caminaron hacia la selva, hacia la zona más alejada, el pulso de Łukasz temblaba.
- Ela, tengo que desalicatar la puerta, ¿Por qué no miras de nuevo las ardillas antes de dar nuestro gran paso?
-Ela asintió, el sol bañaba lo silvestre y se oían cigarras entre la escarcha. Łukasz lloraba en silencio tras ella, levantó el arma lentamente mientras pronunciaba sus rezos.
Dia 6 – sin registo
Łukasz se mece en un su amaca, la selva de Bialowieza permanecía inmutable ante la caida del severo invierno polaco un día más.
Las moscas se aglutinan junto a un montón de harapos cobrizos y húmedos tras de él.
Łukasz ahora apunta a las ardillas y vuelve a rezar... usando su mira, pero sin el cargador puesto, sonrie de la forma mas amarga, pensando lo mucho que debía traer paz la muerte.
Todo ello en pacífica monotonía, acompasada por el gélido solido de la calma.
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