La patria es como matar a una hermana porque si no lo haces tú, desconocidos bajo una bandera van a violarla y hacerlo después, el concepto convierte lo más preciado de nuestra especie, en un arma indiscriminada contra todo lo denominado "otro", el amor por lo que conoces convertido en arma.
Y caen los girasoles cuando entre ambas, se ensordecen las balas de cuya sal se compone ahora el sustrato donde yaces.
Hueso, neuronas y plomo, en un vals de despedidas se coordinan para el podio, mientras maldecimos, no la mano que fantaseaba con el gatillo de un arma, sino las de quienes te la sirvieron sin preguntar, por la patria claro.
Caen los girasoles que no son nación, sino huerto fúnebre lánguido ofertado a reposo de quién no posee ya voz pero si estos versos.
Y es esa sal que te trajo a mi tierra, la se te llevo de vuelta y es la misma que reposa en tu lóbulo parietal, eterna hasta que lo decida el olvido o la enfisematosa de tus restos.
Caen los girasoles ahora sin pétalos, cortados en cuña, servidos en papel, elevados en pantallas y mitificados eclipsando la muerte de otra flora.
Si nos arrebataron el amor y de él ensalzaron máquinas: que ésos pétalos ahora recuperen parte de lo que nos pertenece, y desplieguen tu vestigio tan lejos como quisiste llegar.
Si has partido sin cerrar, dejaré la puerta entornada, como si no te hubiera llevado la patria de la que tanto te nos advertiste.
La patria es mentira, la patria es tu barrio, la patria es familia y también desarraigo.
Descansa sobre las flores: Galeb.
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