Escucho tu llamada, hoy también en el aire, alerta en mi vigilia, vuelco al corazón producto de voz vacía.
Hoy te oí gritar mi nombre, como de costumbre, sin que realmente lo hicieras, desde aquellos meses oigo tu llamada de auxilio, entra desde mi cerebro hacia el mismo mermando mi hastiado cuerpo y, desde aquellos meses, es y será parte parte de mi oído, de la música que escucho, de mis conversaciones, de los ruidos de la calle, aun si ensordeciese por completo, seguiría escuchando, como quien siente un miembro fantasma, tu reclamo.
Hoy sonaba una antigua canción, la que que ambos solíamos cantar, cuya letra ya no recuerdan tus agrietados labios; tu vociferante llamada de auxilio se encontraba tras cada vuelta de compás, mas con el corazón acelerado, con lagrimas en los ojos; la escucho hasta su último segundo, sabiendo que en ella, no solo prevalece el recuerdo de nuestro cantar, sino mis cadenas a aquellos episodios horribles que me hacen oírte gritar en aquel hospital... huele a desinfectante, huele muerte, huele a blanco el olor se presenta también cada vez que te escucho.
Pago con gusto el precio de haberte salvado, pago penitencia por no haber podido hacer más y pago el celebrar tu vida junto a la mía, mientras la senectud nos roba lo poco que fuimos juntos... madre.
El amor, que nunca me diste, que ya no puedes dar, te lo brindo yo, merecer es un concepto que jamás me embelesó al fin de al cabo, del que me desapego; pues cuando se trata de dar, prefiero que nazca un río de lo que quiera que esté esperando tras las paredes de mi cráneo, tras las costillas rotas de mi pecho.
Es en tu honor que sacro mi vida en tu cuidado, es en tu honor que cruzo fronteras por mi pasión enterrada bajo el manto de mis vacíos y en tu honor que vomito cada letra de éste texto, a cada cual más agónica.
Madre: tu grito desesperado prevalecerá y con él, escucharé nuestra canción, aun cuando ya transmutes a ceniza o larvas, prefiero conservar el quiebre, esa alucinación, el trauma... te sobrevivirá y será parte de tu legado, me perseguirá de mano y garganta fuera del continente y del tiempo que me quede con pies sobre cualquier nación que pise si es preciso y en tu nombre:
Madre.
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