Sueño que pienso en ti, mi yo de nombre olvidado, de tiempos en los que yo lo sabia todo sobre tu camino y tu soñabas con palacios de obsidana en cielos imposibles.
Ahora que somos la misma persona, las imperfecciones de mi rostro son además las de mi identidad, varada en el tiempo, mientras mueren las células, mientras me escribo de nuevo desde un incierto mañana para ambos dentro de mi, pues "Yo soy yo y mis circunstancias" nunca estuvo tan cerca de las circunstancias.
Como una pastilla efervescente en un lago, como cañón erosionado, como papel en ácido, como el micelio en mi cuerpo, como las lágrimas sobre el fuego de la hoguera, como mi memoria o como mis ideas: me plazco en deshacerme, me dejo en el adiós, me deshago en el cosmos, me olvido en benzodiacepinas, me lluevo sobre cloro. Qué bien duele, que mal culpa, descomponerme en la otredad del universo, momento sagrado, disociación que me conecta con una realidad más grande que mi entendimiento... Me dejo inexistir lentamente mientras dejo de sentir, y que bien lo malo y que mal lo bueno, ojalá no despertar de esta sensación.
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