Los horizontes se disuelven, no es sino en la lejanía del estado mental que es el hogar, donde se encuentra el hogar inamovible, una llama interior que alumbra la penumbra, haciendo del contraste el protagonista y de la llama una guía, como en el horizonte mismo del ahora, hurtado desde un lugar donde mi hogar, eran lenguas de fuego en una infinita brea, lejos de casa.
Como una pastilla efervescente en un lago, como cañón erosionado, como papel en ácido, como el micelio en mi cuerpo, como las lágrimas sobre el fuego de la hoguera, como mi memoria o como mis ideas: me plazco en deshacerme, me dejo en el adiós, me deshago en el cosmos, me olvido en benzodiacepinas, me lluevo sobre cloro. Qué bien duele, que mal culpa, descomponerme en la otredad del universo, momento sagrado, disociación que me conecta con una realidad más grande que mi entendimiento... Me dejo inexistir lentamente mientras dejo de sentir, y que bien lo malo y que mal lo bueno, ojalá no despertar de esta sensación.
Comentarios
Publicar un comentario