Una canción familiar envolvía el ambiente con su impredecible compás cuando contemplé por primera vez el vuelo de la sangre, danzante en el aire, como el niño que visualiza por primera vez un arcoíris, recobrando la inocencia o perdiéndola de algún modo, de alguna manera creía que él era inmortal, pero todo lo que sangra puede morir. Entonces lo recordé, recordé por qué me encontraba ahí, bailando también en el aire de una caída inmediata, toda mi vida bajo la sombra de otro ser, angustiado, desorientado, pero ahí estaba él, bailando conmigo su sangre, e ileso yo, nunca había imaginado un final tan hermoso, salpicó toda ella mi piel, casi compartiendo el ritmo con aquel famoso jazz sobre volar hacia la luna y la recibí como una primera comunión. Entonces todo volvió a su ser, él estaba ahí así que no podía haber muerto, convendría haberme librado de él muriendo yo, o eso pensé durante toda mi vida, pero contra todo pronóstico, ambos permanecíamos con vida. Apoyado ...
Comentarios
Publicar un comentario