Prólogo – Reverberación.
Los comunos no podían dar charlas o siquiera hablar sin sus compañeros numeristas, toda capacidad comunicativa que, simultáneamente, les concedía su nombre así como lo comunes que eran en sociedad, les servía de más bien poco cuando no podían entender conceptos aritméticos básicos para éstos últimos.
¿Arthiom estás bien? Dijo Eleth mientas jugaba nerviosa con su cabello blanco, pensando en si era posible no estar en alguno de los estados planteados por su cortés pregunta.
Binario, ese era el lenguaje universal y el que tenía verdadero valor para Eleth, pero pese a que no entendiera las respuestas de su compañero con frecuencia, sí que se preocupaba por él y hasta sentía algún tipo de afecto, algo poco propio de los numeristas, algo que no pensaba desvelar y menos ante una charla de consorcio.
-Sí Eleth, perfectamente, a veces pierdo el hilo de la conversación…
-Me sorprende que alguien como tú pueda perderse en algo así, se supone que te dedicas a esto, hablamos de tu salvación, la salvación nos escoge y rara vez se equivoca. –Revocó ella.
-Me sorprende a mí también que una numerista de alto rango dedique su tiempo a cosas tan tribales como la religión por mucho que se nos exija, cumplir ciertos protocolos. -Dijo Arthiom sonriendo con media comisura encorvada.
Conocía perfectamente las cosas que sacaban de quicio a Eleth y siempre lo usaba indiscriminadamente para incomodarla, cosa que acababa afianzando su relación.
-Quizás si tan sólo me dejases a mí la ponencia… los consorcionistas al fin de al cabo no tienen la mayoría de nuestras carencias genéticas, seguro que solo los números hablarían por mí.
Los consorcionistas se impacientaban mientras ellos dos susurraban reproches, y que Eleth se mantuviese jugando aun con su cabello, de baja casta, blanco en contraste con las oscuras melenas propias del consorcio, el clero o cualquier miembro de alta casta; por suerte para la reputación de ambos, la alarma de Recuerdos volvió a sonar de forma exigente, ni siquiera aquellos líderes, con el poder que emanaba de su semblante y el temor que infligían, podía escapar a los simulacros de Recuerdos.
-Ya conocéis el protocolo, no es de mi agrado pero tendremos que prescindir de los datos sobre planificación tunelar, tan sólo quedan unos días y seguimos sin garantías estructurales, la próxima vez traed a un resolutista, o a algún miembro especializado de nuestras filas, no podemos permitirnos perder el tiempo con los bajos… -Las palabras de Ak se detuvieron, el tiempo apremiaba y sus compañeros le instaban con gestos a guardar silencio mientras desfilaban al trote.
Todos corrieron fuera del comunáculo solo para descubrir que una extraña niebla traspasaba el polvo de piedra que protegía su ciudad, hacía años que nadie había vuelto de la superficie pero también los mismos que la niebla no les sorprendía, después de todo, un simulacro no entiende de números, de palabras, y menos aún de oportunidad, mas todo aquello, claro está, no se trataba de ningún simulacro.
-Esto no es del abismo, las manos del profundísimo no han tocado antes nuestra bóveda.
-Concluyó uno de los consorcionistas aterrado, contagiando a Ak su pavor.
-Jamás creía que presenciaría esto. -dijo Ob, el más joven de ellos y miembro del clero, mientras salían del edificio Arthiom y Eleth por fin y junto a los demás docentes; al fin de al cabo los protocolos exigían que se priorizase la salida del edificio lectivo a alta casta para luego dejar paso al común de los mortales.
-No podemos dejar que algo así vuelva a ocurrir, y menos en este cuchitril al que nos han enviado, el tunelaje deberá esperar, si es necesario sellen la ciudadela, últimamente la producción no renta el combustible que la mantiene. –Concluyó Ak sin reparar en la presencia de sus inferiores y sus atónitas miradas, desviándose de aquella niebla hacia ellos y el túnel de evacuación.
La llamada de las leyendas reverberaba desde la superficie por encima de las vibrantes ondas de la alerta, si aquella deidad seguía con vida, aun cuando sus pesadillas eran ya los sueños de todos, aun cuando nadie podía valerse por sí mismo sin ayuda de otra persona a la que no le hubieran robado un trozo de su ser, todo no estaba perdido.
No, definitivamente quedaba mucho más que se le podía arrebatar a la humanidad. Por primera vez en su generación, miembros del consorcio enmudecieron, sus rostros y facciones se conjugaron a merced del miedo que siglos atrás condenó a los segundos humanos, destilable pavor, denso como la propia niebla que allí contemplaban.
Los comunos no podían dar charlas o siquiera hablar sin sus compañeros numeristas, toda capacidad comunicativa que, simultáneamente, les concedía su nombre así como lo comunes que eran en sociedad, les servía de más bien poco cuando no podían entender conceptos aritméticos básicos para éstos últimos.
¿Arthiom estás bien? Dijo Eleth mientas jugaba nerviosa con su cabello blanco, pensando en si era posible no estar en alguno de los estados planteados por su cortés pregunta.
Binario, ese era el lenguaje universal y el que tenía verdadero valor para Eleth, pero pese a que no entendiera las respuestas de su compañero con frecuencia, sí que se preocupaba por él y hasta sentía algún tipo de afecto, algo poco propio de los numeristas, algo que no pensaba desvelar y menos ante una charla de consorcio.
-Sí Eleth, perfectamente, a veces pierdo el hilo de la conversación…
-Me sorprende que alguien como tú pueda perderse en algo así, se supone que te dedicas a esto, hablamos de tu salvación, la salvación nos escoge y rara vez se equivoca. –Revocó ella.
-Me sorprende a mí también que una numerista de alto rango dedique su tiempo a cosas tan tribales como la religión por mucho que se nos exija, cumplir ciertos protocolos. -Dijo Arthiom sonriendo con media comisura encorvada.
Conocía perfectamente las cosas que sacaban de quicio a Eleth y siempre lo usaba indiscriminadamente para incomodarla, cosa que acababa afianzando su relación.
-Quizás si tan sólo me dejases a mí la ponencia… los consorcionistas al fin de al cabo no tienen la mayoría de nuestras carencias genéticas, seguro que solo los números hablarían por mí.
Los consorcionistas se impacientaban mientras ellos dos susurraban reproches, y que Eleth se mantuviese jugando aun con su cabello, de baja casta, blanco en contraste con las oscuras melenas propias del consorcio, el clero o cualquier miembro de alta casta; por suerte para la reputación de ambos, la alarma de Recuerdos volvió a sonar de forma exigente, ni siquiera aquellos líderes, con el poder que emanaba de su semblante y el temor que infligían, podía escapar a los simulacros de Recuerdos.
-Ya conocéis el protocolo, no es de mi agrado pero tendremos que prescindir de los datos sobre planificación tunelar, tan sólo quedan unos días y seguimos sin garantías estructurales, la próxima vez traed a un resolutista, o a algún miembro especializado de nuestras filas, no podemos permitirnos perder el tiempo con los bajos… -Las palabras de Ak se detuvieron, el tiempo apremiaba y sus compañeros le instaban con gestos a guardar silencio mientras desfilaban al trote.
Todos corrieron fuera del comunáculo solo para descubrir que una extraña niebla traspasaba el polvo de piedra que protegía su ciudad, hacía años que nadie había vuelto de la superficie pero también los mismos que la niebla no les sorprendía, después de todo, un simulacro no entiende de números, de palabras, y menos aún de oportunidad, mas todo aquello, claro está, no se trataba de ningún simulacro.
-Esto no es del abismo, las manos del profundísimo no han tocado antes nuestra bóveda.
-Concluyó uno de los consorcionistas aterrado, contagiando a Ak su pavor.
-Jamás creía que presenciaría esto. -dijo Ob, el más joven de ellos y miembro del clero, mientras salían del edificio Arthiom y Eleth por fin y junto a los demás docentes; al fin de al cabo los protocolos exigían que se priorizase la salida del edificio lectivo a alta casta para luego dejar paso al común de los mortales.
-No podemos dejar que algo así vuelva a ocurrir, y menos en este cuchitril al que nos han enviado, el tunelaje deberá esperar, si es necesario sellen la ciudadela, últimamente la producción no renta el combustible que la mantiene. –Concluyó Ak sin reparar en la presencia de sus inferiores y sus atónitas miradas, desviándose de aquella niebla hacia ellos y el túnel de evacuación.
La llamada de las leyendas reverberaba desde la superficie por encima de las vibrantes ondas de la alerta, si aquella deidad seguía con vida, aun cuando sus pesadillas eran ya los sueños de todos, aun cuando nadie podía valerse por sí mismo sin ayuda de otra persona a la que no le hubieran robado un trozo de su ser, todo no estaba perdido.
No, definitivamente quedaba mucho más que se le podía arrebatar a la humanidad. Por primera vez en su generación, miembros del consorcio enmudecieron, sus rostros y facciones se conjugaron a merced del miedo que siglos atrás condenó a los segundos humanos, destilable pavor, denso como la propia niebla que allí contemplaban.
Comentarios
Publicar un comentario