Me aterra la sublimindad infinita, morada del silencio de mi voz, donde nadie puede oírme, pues nadie tiene oídos bajo un mar tan profundo.
Es en este abismo, donde se encuentran mis demonios, y es de esta herrumbre pesadumbrista encarnada de la que debo encargarme.
Cuando el último de ellos duerma, nadaré a tierra, donde mi voz es oída, e incluso alguna vez, escuchada.
Que la enormidad me meza como una madre cósmica, y me mantenga sumergido, sin miedo a renacer.
Pues cada uno de mis apocalipsis me ha traído un nuevo Génesis, y es tiempo de erradicación, es tiempo de llanto.
Es en este abismo, donde se encuentran mis demonios, y es de esta herrumbre pesadumbrista encarnada de la que debo encargarme.
Cuando el último de ellos duerma, nadaré a tierra, donde mi voz es oída, e incluso alguna vez, escuchada.
Que la enormidad me meza como una madre cósmica, y me mantenga sumergido, sin miedo a renacer.
Pues cada uno de mis apocalipsis me ha traído un nuevo Génesis, y es tiempo de erradicación, es tiempo de llanto.
Comentarios
Publicar un comentario