Ir al contenido principal

Extracto 4 - Dévora

Débora me llamaba "corasón" cuando daba de comer a los gatos de aquel parking .

00:15/00:20, Cada noche sin falta, aparecía para dar alimentar a la camada que se había instalado entre los árboles, y su mirada a sotavento de la realidad bailaba cuando la venían a recibir, pero siempre se detuvo mientras me sentaba en aquellas piedras, sin lungun lugal al que volver, excepto a esas intempestivas horas y a ella, cada día más sucio, a ella no le importaba, y no me sorprendía.

"Me alegro de verte corasón, ¿Como has pasado el día corasón?, ¿puedo traerte algo mi rey?".

Yo siempre me resistía amablemente a sus ofrecimientos, pero notaba que ella sentía mi agradecimiento, lo reflejaba en sus cansados ojos.

Entonces repetía la rutina, se agachaba como una madre para recoger a su hijo aprendiendo a caminar, y poco a poco dejaba de ser caridad para ella, poco a poco esos felinos y yo éramos su puerta hacia la fantasía, quizás la única.

Éramos uno, una simbiosis, empecé yo mismo a alimentarles junto a ella, pasó una semana sin que me acercase no obstante... No pude estar ahí, no estaba a su lado, y cuando vine no la encontré, pese a que regresé a dormitar como cada noche entre esas piedras.

El tiempo me hizo pensar y pregunté por los gatos, también ausentes, esperaba que ella los hubiera adoptado, le fuera mejor, cualquier cosa que me hiciera sentir el calor agonizante dentro de mi que aquella mujer había reavivado.

Pregunte al guarda, a los borrachos de la zona, incluso a una mujer que solía abandonarla y volver recientemente, iba en compañía, volvía sola y fumaba con el maquillaje estropeado, no quisiera aventurarme a pensar más allá, maldita sea... Pregunte hasta a quienes una vez intentaron robarme lo que tuviera, aun cuando se podía comprobar que era un mendigo.

Nadie sabía gran cosa, todos nos dábamos igual... Pero eso no era cierto, no con ella.

Hasta que por fin una noche la vi, a lo lejos de la calle que recorría para llegar siempre, vino portando una bolsa, unos huevos, también llevaba un rostro cabizbajo, oscurecido por la luz de las farolas, debía de llevar horas con los víveres a cuestas, ¿Ella tampoco tenía hogar al que volver?

"Ha matado a todos mis niños, corasón, mis hijos están muertos".

"Y he venido a gritarle de la única manera en la que importa"

En seguida comprendí a que se refería.

Lloró, gritó y lanzó el primer huevo, la cáscara de rompió y empezó a oler mal, mientras se deslizaba por los paneles de la pirámide acristalada que daba al parking, repitió el proceso hasta que el hombre que supuestamente habría cometido aquel crimen saliese, mas ni se movió, no salió pero seguro que era capaz de verla a través de alguna cámara de seguridad, quizás, consciente de lo que se había visto en la tesitura de hacer, quizás llorase, quizá solo lo hizo por conservar su puesto y alimentar a sus hijos.

Me imaginé sus lágrimas cayendo y apestando más que aquellos huevos podridos.

Quise decir algo a Débora pero mi garganta estaba hecha un nudo, cuando hubo terminado la abracé, y la deje ir, esa sería la última vez que la vería, y siempre me he imaginado un buen final a su historia, uno para cada pesadilla que tengo de aquel día.

Ojalá pudiera encontrarla y decirle todo esto, pero ahora lo que si que puedo hacer es contarlo, contarlo cuando toda la verdad abandona mi mente, y solo escucho las mentiras de mi trauma de aquellos meses, heridas que jamás pueden cicatrizar y supuran lo peor de mi... Esto es Débora, dolor, y cuando duele la homenajeo, porque nadie me hablará nunca más como ella, porque quizás ella ya no tenga voz y porque sus niños no se merecían nada de lo acontecido.

Si estás leyendo ésto y me conoces, "corasón", es que me importas, aunque a veces no se note, como no pude hacérselo notar a ella cuando todo ocurrió, y no voy a cometer el mismo error ahora.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Extracto Cuarenta y uno - Disolución

Como una pastilla efervescente en un lago, como cañón erosionado, como papel en ácido, como el micelio en mi cuerpo, como las lágrimas sobre el fuego de la hoguera, como mi memoria o como mis ideas: me plazco en deshacerme, me dejo en el adiós, me deshago en el cosmos, me olvido en benzodiacepinas, me lluevo sobre cloro.   Qué bien duele, que mal culpa, descomponerme en la otredad del universo, momento sagrado, disociación que me conecta con una realidad más grande que mi entendimiento...  Me dejo inexistir lentamente mientras dejo de sentir, y que bien lo malo y que mal lo bueno, ojalá no despertar de esta sensación.

Extracto cero - ¿Prologo?

Una canción familiar envolvía el ambiente con su impredecible compás cuando contemplé por primera vez el vuelo de la sangre, danzante en el aire, como el niño que visualiza por primera vez un arcoíris, recobrando la inocencia o perdiéndola de algún modo, de alguna manera creía que él era inmortal, pero todo lo que sangra puede morir. Entonces lo recordé, recordé por qué me encontraba ahí, bailando también en el aire de una caída inmediata, toda mi vida bajo la sombra de otro ser, angustiado, desorientado, pero ahí estaba él, bailando conmigo su sangre, e ileso yo, nunca había imaginado un final tan hermoso, salpicó toda ella mi piel, casi compartiendo el ritmo con aquel famoso jazz sobre volar hacia la luna y la recibí como una primera comunión. Entonces todo volvió a su ser, él estaba ahí así que no podía haber muerto, convendría haberme librado de él muriendo yo, o eso pensé durante toda mi vida, pero contra todo pronóstico, ambos permanecíamos con vida. Apoyado ...

Extracto treinta y tres - Esos barrios

Donde están esos barrios... Que ya ando cansado de tanta composición y "colorea tu propia vida" de las redes y de las mentes en tren solo de ida. Que me impostan lo que no importa y me quedo mirando, reacciones de falsas y emociones para atarte a toda cosa. Donde está ese barrio del que ningún país se hace eco, no valla a ser que el bolsillo se quede tan seco de quien allí no vive y que de nada así se escribe o hace a ello hueco, que para una vez conciencia adquirida, si no resulta divertida, la música se divide entre percusión y o decibelio. Donde están esos barrios con pintadas de queja con sangre reseca, con sonrisas de niños, con corazones entre históricas rejas, maldito todo aquel que me roba el alma directa hacia la maleta, pues si salgo de mi jaula no es para contar discotecas. Que no me importa tu música, tu moda, tus privilegiadas rarezas, me importa la gente de calle que para ellos poeta, no es un adorno perfecto sino un futuro en probeta. Donde están esos barrios d...