Débora me llamaba "corasón" cuando daba de comer a los gatos de aquel parking .
00:15/00:20, Cada noche sin falta, aparecía para dar alimentar a la camada que se había instalado entre los árboles, y su mirada a sotavento de la realidad bailaba cuando la venían a recibir, pero siempre se detuvo mientras me sentaba en aquellas piedras, sin lungun lugal al que volver, excepto a esas intempestivas horas y a ella, cada día más sucio, a ella no le importaba, y no me sorprendía.
"Me alegro de verte corasón, ¿Como has pasado el día corasón?, ¿puedo traerte algo mi rey?".
Yo siempre me resistía amablemente a sus ofrecimientos, pero notaba que ella sentía mi agradecimiento, lo reflejaba en sus cansados ojos.
Entonces repetía la rutina, se agachaba como una madre para recoger a su hijo aprendiendo a caminar, y poco a poco dejaba de ser caridad para ella, poco a poco esos felinos y yo éramos su puerta hacia la fantasía, quizás la única.
Éramos uno, una simbiosis, empecé yo mismo a alimentarles junto a ella, pasó una semana sin que me acercase no obstante... No pude estar ahí, no estaba a su lado, y cuando vine no la encontré, pese a que regresé a dormitar como cada noche entre esas piedras.
El tiempo me hizo pensar y pregunté por los gatos, también ausentes, esperaba que ella los hubiera adoptado, le fuera mejor, cualquier cosa que me hiciera sentir el calor agonizante dentro de mi que aquella mujer había reavivado.
Pregunte al guarda, a los borrachos de la zona, incluso a una mujer que solía abandonarla y volver recientemente, iba en compañía, volvía sola y fumaba con el maquillaje estropeado, no quisiera aventurarme a pensar más allá, maldita sea... Pregunte hasta a quienes una vez intentaron robarme lo que tuviera, aun cuando se podía comprobar que era un mendigo.
Nadie sabía gran cosa, todos nos dábamos igual... Pero eso no era cierto, no con ella.
Hasta que por fin una noche la vi, a lo lejos de la calle que recorría para llegar siempre, vino portando una bolsa, unos huevos, también llevaba un rostro cabizbajo, oscurecido por la luz de las farolas, debía de llevar horas con los víveres a cuestas, ¿Ella tampoco tenía hogar al que volver?
"Ha matado a todos mis niños, corasón, mis hijos están muertos".
"Y he venido a gritarle de la única manera en la que importa"
En seguida comprendí a que se refería.
Lloró, gritó y lanzó el primer huevo, la cáscara de rompió y empezó a oler mal, mientras se deslizaba por los paneles de la pirámide acristalada que daba al parking, repitió el proceso hasta que el hombre que supuestamente habría cometido aquel crimen saliese, mas ni se movió, no salió pero seguro que era capaz de verla a través de alguna cámara de seguridad, quizás, consciente de lo que se había visto en la tesitura de hacer, quizás llorase, quizá solo lo hizo por conservar su puesto y alimentar a sus hijos.
Me imaginé sus lágrimas cayendo y apestando más que aquellos huevos podridos.
Quise decir algo a Débora pero mi garganta estaba hecha un nudo, cuando hubo terminado la abracé, y la deje ir, esa sería la última vez que la vería, y siempre me he imaginado un buen final a su historia, uno para cada pesadilla que tengo de aquel día.
Ojalá pudiera encontrarla y decirle todo esto, pero ahora lo que si que puedo hacer es contarlo, contarlo cuando toda la verdad abandona mi mente, y solo escucho las mentiras de mi trauma de aquellos meses, heridas que jamás pueden cicatrizar y supuran lo peor de mi... Esto es Débora, dolor, y cuando duele la homenajeo, porque nadie me hablará nunca más como ella, porque quizás ella ya no tenga voz y porque sus niños no se merecían nada de lo acontecido.
Si estás leyendo ésto y me conoces, "corasón", es que me importas, aunque a veces no se note, como no pude hacérselo notar a ella cuando todo ocurrió, y no voy a cometer el mismo error ahora.
00:15/00:20, Cada noche sin falta, aparecía para dar alimentar a la camada que se había instalado entre los árboles, y su mirada a sotavento de la realidad bailaba cuando la venían a recibir, pero siempre se detuvo mientras me sentaba en aquellas piedras, sin lungun lugal al que volver, excepto a esas intempestivas horas y a ella, cada día más sucio, a ella no le importaba, y no me sorprendía.
"Me alegro de verte corasón, ¿Como has pasado el día corasón?, ¿puedo traerte algo mi rey?".
Yo siempre me resistía amablemente a sus ofrecimientos, pero notaba que ella sentía mi agradecimiento, lo reflejaba en sus cansados ojos.
Entonces repetía la rutina, se agachaba como una madre para recoger a su hijo aprendiendo a caminar, y poco a poco dejaba de ser caridad para ella, poco a poco esos felinos y yo éramos su puerta hacia la fantasía, quizás la única.
Éramos uno, una simbiosis, empecé yo mismo a alimentarles junto a ella, pasó una semana sin que me acercase no obstante... No pude estar ahí, no estaba a su lado, y cuando vine no la encontré, pese a que regresé a dormitar como cada noche entre esas piedras.
El tiempo me hizo pensar y pregunté por los gatos, también ausentes, esperaba que ella los hubiera adoptado, le fuera mejor, cualquier cosa que me hiciera sentir el calor agonizante dentro de mi que aquella mujer había reavivado.
Pregunte al guarda, a los borrachos de la zona, incluso a una mujer que solía abandonarla y volver recientemente, iba en compañía, volvía sola y fumaba con el maquillaje estropeado, no quisiera aventurarme a pensar más allá, maldita sea... Pregunte hasta a quienes una vez intentaron robarme lo que tuviera, aun cuando se podía comprobar que era un mendigo.
Nadie sabía gran cosa, todos nos dábamos igual... Pero eso no era cierto, no con ella.
Hasta que por fin una noche la vi, a lo lejos de la calle que recorría para llegar siempre, vino portando una bolsa, unos huevos, también llevaba un rostro cabizbajo, oscurecido por la luz de las farolas, debía de llevar horas con los víveres a cuestas, ¿Ella tampoco tenía hogar al que volver?
"Ha matado a todos mis niños, corasón, mis hijos están muertos".
"Y he venido a gritarle de la única manera en la que importa"
En seguida comprendí a que se refería.
Lloró, gritó y lanzó el primer huevo, la cáscara de rompió y empezó a oler mal, mientras se deslizaba por los paneles de la pirámide acristalada que daba al parking, repitió el proceso hasta que el hombre que supuestamente habría cometido aquel crimen saliese, mas ni se movió, no salió pero seguro que era capaz de verla a través de alguna cámara de seguridad, quizás, consciente de lo que se había visto en la tesitura de hacer, quizás llorase, quizá solo lo hizo por conservar su puesto y alimentar a sus hijos.
Me imaginé sus lágrimas cayendo y apestando más que aquellos huevos podridos.
Quise decir algo a Débora pero mi garganta estaba hecha un nudo, cuando hubo terminado la abracé, y la deje ir, esa sería la última vez que la vería, y siempre me he imaginado un buen final a su historia, uno para cada pesadilla que tengo de aquel día.
Ojalá pudiera encontrarla y decirle todo esto, pero ahora lo que si que puedo hacer es contarlo, contarlo cuando toda la verdad abandona mi mente, y solo escucho las mentiras de mi trauma de aquellos meses, heridas que jamás pueden cicatrizar y supuran lo peor de mi... Esto es Débora, dolor, y cuando duele la homenajeo, porque nadie me hablará nunca más como ella, porque quizás ella ya no tenga voz y porque sus niños no se merecían nada de lo acontecido.
Si estás leyendo ésto y me conoces, "corasón", es que me importas, aunque a veces no se note, como no pude hacérselo notar a ella cuando todo ocurrió, y no voy a cometer el mismo error ahora.
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