Tengo tantas cosas que decirte cómo ganas de que las entiendas. Pero mientras me poseas a mí no podrás sostener razones en tu arbitrario albedrío. Si es que puedes escucharme, quiero que entiendas que pese a tus cadenas, asfixiando mi pecho, contrayendo mis arterias: Jamás serás duelo en mi ser, jamás acapararás mi criterio, y aún si sucede, plantaré batalla, por más que te aferres a mi, haré lo propio con la vida. Cuánto más profundo me sumerjan tus artimañas en el más abisal océano de brea ardiente, a más pasos cargando tus mentiras tenga que dar fuera del horizonte de sucesos, más lejos aún estarás de sucederte en este mundo, pues mis cadenas serán también tus grilletes, pues mi pesar será tu prisión, y conmigo te hundirás también en ese mar Negro infinito.