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Mostrando entradas de marzo, 2020

Extracto dos - Ansiedad

Tengo tantas cosas que decirte cómo ganas de que las entiendas. Pero mientras me poseas a mí no podrás sostener razones en tu arbitrario albedrío. Si es que puedes escucharme, quiero que entiendas que pese a tus cadenas, asfixiando mi pecho, contrayendo mis arterias: Jamás serás duelo en mi ser, jamás acapararás mi criterio, y aún si sucede, plantaré batalla, por más que te aferres a mi, haré lo propio con la vida. Cuánto más profundo me sumerjan tus artimañas en el más abisal océano de brea ardiente, a más pasos cargando tus mentiras tenga que dar fuera del horizonte de sucesos, más lejos aún estarás de sucederte en este mundo, pues mis cadenas serán también tus grilletes, pues mi pesar será tu prisión, y conmigo te hundirás también en ese mar Negro infinito.

Extracto uno - Aniversario

Y si de amor me hablan, yo reniego de mis palabras, sabiendo que hace eras del mito y de aquel falso ídolo que creí comprender. Y si de amor me preguntan, qué más desearía sino responder sin error, pero el tiempo mermó mi pasión y la transmutó en otra cosa. Y si de amor escucho, coros de sabiduría autoproclamada en necios labios como necios son los míos, como necio el mal querer. Y si de amor me lloran, que mayor consuelo que el saberos ahí, estandartes de un vestigio de lo perdido en el yo del hoy. Y es que si de amor hablamos, mejor quererse libres en la unión, y es que hablando de amor, de libertad es hablar so pena de yerro. Y si de amor me inquieren, os pondré de ejemplo, pues mi tiempo es limitado, y ante despliegue de argumentos, mejor echar mano de mis recuerdos. Congratulaos hoy, ergo es vuestra fiesta, pero además es la fiesta de la que algo más grande que todos nosotros es también partícipe.

Extracto cero - ¿Prologo?

Una canción familiar envolvía el ambiente con su impredecible compás cuando contemplé por primera vez el vuelo de la sangre, danzante en el aire, como el niño que visualiza por primera vez un arcoíris, recobrando la inocencia o perdiéndola de algún modo, de alguna manera creía que él era inmortal, pero todo lo que sangra puede morir. Entonces lo recordé, recordé por qué me encontraba ahí, bailando también en el aire de una caída inmediata, toda mi vida bajo la sombra de otro ser, angustiado, desorientado, pero ahí estaba él, bailando conmigo su sangre, e ileso yo, nunca había imaginado un final tan hermoso, salpicó toda ella mi piel, casi compartiendo el ritmo con aquel famoso jazz sobre volar hacia la luna y la recibí como una primera comunión. Entonces todo volvió a su ser, él estaba ahí así que no podía haber muerto, convendría haberme librado de él muriendo yo, o eso pensé durante toda mi vida, pero contra todo pronóstico, ambos permanecíamos con vida. Apoyado ...